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lunes, 4 de enero de 2010

¿ En qué consiste el dichoso sentido de Estado, mentado por el Rey ? Digamos que es lo opuesto a lo que la gente opina. Por definición, un opinante no tiene ningún sentido de Estado. El opinante, el tío de calle, el de tasca, la opinante de peluquería, de mercado y mercadillo y mercadeo, los de cola, de casa, de tertulia, de puticlubs, de centro de día, o sea casi todo el populacho, habla por simple impulso a la vista de lo que ve en la televisión, oye o le dicen. Lo que realmente o virtualmente ocurre y el Estado, son cuestiones totalmente contrarias; ya lo dicen las palabras, una pasa y otras está. Ahora bien, una opinión, cuando echa raíces y alcanza cuatro, cinco, seis o siete años de edad, se hace voto y reunida con otros millones se vuelve sólida y se hace.... Cuestión de Estado.
Sin embargo el " Sentido de Estado ", en acepción fuerte, tiene algo más que viene de muy lejos y a la vez mira muy lejos, sin vivir pendiente de periodos de tiempo de cuatro años de marras.
Por eso el sentido de Estado conviene administrarlo y beberlo, sí, pero con cuidado, por tantos y tantos esqueletos mohosos que suele llevar dentro. 

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