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lunes, 25 de enero de 2010

Antes está la obligación que la devoción....

Es patente que la estructura o el marco de la sociedad está impregnado de conceptos sentimentales y blanditos que fácilmente influyen en los comportamientos humanos creando una cierta incapacidad para ver la realidad, u obviar la misma, anulando con ello la función de la razón.
Decía Chesterton que un supremo defecto sentimentaloide es conmoverse por las asociaciones de palabras en lugar de alterarse por las realidades e ideas que hay debajo...
De ahí la importancia de aprender, desde la infancia, a poner los sentimientos en su sitio. El sentimentalismo, a veces acompañado de hipocresía, incapacita la razón para distinguir entre la realidad y la ficción y deja a oscuras la madurez de saber cumplir con el deber y la obligación cuando éste y ésta, no coinciden con la sensiblería.
La esencia y la existencia no se basan en la selección de momentos siempre favorables y divertidos y de placer, y en apostatar de las dificultades. También es de Chesterton el comentario acerca de la sustitución del " se casaron y vivieron felices y comieron perdices ", por el " después de divorciados el príncipe y la princesa por el hada madrina, fueron felices y comieron perdices ", pues lo uno ni lo otro reflejan la realidad, la sustantividad y la objetividad. Son hipocresías, cuentos, fantasías y fábulas que con demasiada frecuencia se les muestra a las jóvenas y jóvenes, en la televisión, películas, Internet y novelas, y que no enseñan a la verdad y materialidad, a convivir con los molestos detalles cotidianos y de acorde con el status social, que son realmente con los que se va a afrentar diariamente...
Es un reto para todos, particularmente para los adolescentes, madres, educador@s, hacer notar que el comportamiento del presente condiciona la felicidad del futuro...
    

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