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miércoles, 4 de agosto de 2010

La amenaza no es nueva, pero quizás es más grave que en otras épocas. Está claro que uno de los mayores problemas que hay desde el punto de vista económico e incluso social, es la ELEVADA TASA DE ABSENTISMO LABORAL, tanto el ámbito público como en el privado, hasta el punto de que España lideraba el ranking a nivel Europeo.
Sin embargo, ultimamente y por razones comprensibles ( miedo a perder el empleo ) se está observando que esos altísimos niveles de ausencias en el puesto de trabajo vienen disminuyendo de una manera significativa.
Una de las consecuencias inmediatas de este fenómeno es EL PRESENTISMO, la asistencia al trabajo, pero sin asumir plenamente las responsabilidades inherentes del mismo. Dicho con otras palabras, la reincorporación de sujetos a los puestos que dejaron temporalmente vacantes por supuesta " mala salud ", lejos de suponer una recuperación efectiva y potencial para la empresa, organización o institución de la que se trate, por ejemplo, con incremento de la producción o mejora de los servicios, suponiendo de facto un trastorno o incluso la disminución del rendimiento y de la atención al público o usuario.
Estas situaciones generan inevitables conflictos, primero entre los propios compañeros, generando un mal ambiente laboral en el que se ven inmersos, especialmente aquellos que quedaron al " pie del cañon " y se vieron forzados a suplir y a asumir las ausencias; y, también, repercutiendo, sobre todo, en los servicios públicos, donde a los usuarios sólo les queda que sufrir las consecuencias.
Así las cosas, y no digamos cuando se tratan de servicios en los que puede estar en juego la seguridad o la salud de quienes los utilizan, llego a una conclusión: es preferible soportar el absentismo que sufrir el presentismo, naturalmente, sin perjuicio de las acciones que puedan arbitrarse desde el punto de vista de la legalidad vigente, porque no se debe olvidar que también están en juego derechos y obligaciones que afectan a terceros.
En otras palabras y como resumen de estas humildes reflexiones, en aras del bien común y colectivo, todos deberíamos tener claro que los puestos de trabajo no se ocupan, SE DESEMPEÑAN, y más, si cabe, en tiempos tan negros como los que corren.-
- JACH -

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