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lunes, 16 de agosto de 2010

Juantxo López de Ugalde ha sido presidente de Greenpeace España durante más de diez años. El pasado mes de diciembre se hizo mundialmente famoso al ser detenido tras colarse en la cena de gala de los líderes que acudieron a la Cumbre del Clima. Ahora, prepara su desembarco en la política, en el intento más serio por articular una propuesta ‘verde’ que ha existido en nuestro país.

A mi juicio, este movimiento corre un enorme riesgo de quedar en ridículo ( ya lo hizo el otro día en VEO7 otro " payaso " de Greenpeace . Es cierto que el PSOE ha abandonado el medio ambiente. Zapatero acaba de reducir un 14% sus objetivos para producir energía renovable y ha decidido rescatar el gas. Él, que hace muy pocos años era ejemplo para el mundo en su apuesta ‘verde’. Pero el líder socialista sabe lo que hace.
Fíjense en estos dos datos que descubrí el otro día:
-- En el año 2006, el 62% de los alemanes se mostraba preocupado por las políticas medioambientales. Hoy ese porcentaje se ha visto reducido al 42%.
-- Una encuesta realizada el pasado mes de enero por el Pew Research Center aseguraba que los norteamericanos sitúan en estos momentos el cambio climático en el puesto 21 en su ‘ranking’ de preocupaciones.
Esta tendencia no es desconocida por la clase política mundial. De hecho, los líderes de estos dos países (Alemania y Estados Unidos) también han tomado buena nota. Ángela Merkel ha incluido los objetivos medioambientales en los últimos recortes del presupuesto alemán. Y Barak Obama ha dejado para más adelante los planes de ajuste sobre las emisiones de CO2.
El primer ministro canadiense, Stephen Harper, acaba de cancelar la reunión de presidentes mundiales sobre medio ambiente que solía organizarse cada año. Es la primera vez desde 1994 que el encuentro del G-8 o del G-20 no irá precedido de esta antesala de marcado carácter ecológico.
La revista Newsweek incluía un interesante análisis en uno de sus números de julio explicando por qué el medio ambiente ya no es sinónimo de éxito seguro en la política. Para empezar, la crisis económica ha reorganizado nuestra agenda de prioridades. Eso nadie lo discute.
Pero hay más. Las políticas verdes ya no tienen tan buena imagen. Suenan muy bien cuando se trata de promover la energía renovable pero se toleran mucho peor cuando me obligan a cambiar mi modo de vida hasta el paroxismo: multas por tirar una lata en el cesto equivocado, prohibición de utilizar el automóvil en días de la semana, exigencias sobre la temperatura a la que uno debe poner el aire acondicionado…
También existe un hartazgo cada vez mayor hacia el discurso demagógico en clave medioambiental. Como se dice en un interesante artículo, el cansancio social hacia este tema proviene de las crecientes sospechas de que el ecologismo se ha utilizado en exceso para fines deshonestos y propio lucro de Greenpeace, ONG's., etc.
En España, el pasado mes de abril se supo que algunos terratenientes de Castilla y León habían recibido subvenciones públicas millonarias por huertos solares que utilizaban grupos electrógenos alimentados con gasoil para generar electricidad. Estas plantas fraudulentas producían energía con un generador durante la noche o en días de tormenta, y al salir el sol la vendían como “energía renovable”.
Es preciso abrir un debate más pragmático y menos ideológico, a las antípodas de esos pasquines propagandísticos al estilo Al Gore que han circulado estos años. La preservación de nuestro planeta exige políticas contundentes por parte de los Estados, es cierto, pero hay que evitar las majaderías.
Si esta crisis económica que tantos padecimientos está provocando permite depurar esta discusión, habrá que admitir que no todo ha sido en vano.


-JACH-

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