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domingo, 11 de abril de 2010

Partiendo de la base de que la agresividad no es una característica esencial de una enfermedad mental concreta, hay que considerar que se trata más bien de un conflicto educacional y de formación cívica. Porque en el caso de que un o una adolescente de 14 a 18 años, cometa un determinado delito, parece algo precoz que vaya vinculado a alguna anomalía psicológica, aunque no se pueda descartar por la cuestión hereditaria genética; más bien habría que inclinarse hacia el trastrono disocial.. de desintegración del entorno.
Por otra parte, un aislado acto antisocial, individual, no es suficiente para establecer la pauta de disonancia colectiva, sino que sería preciso una conducta continua contra las normas básicas de vivencias personales y convivencia para fundarse.
En el caso de Seseña, la " jóvena ", supuesta autora del homicidio execrable y repugnante, hay que significar que tenía en la base de datos de su ordenador reseñas, apuntes, antecedentes y referencias relevantes o susceptibles de considerarse como el perfil de una conducta violenta, vehemente e impulsiva. Con estos ingredientes y con mi dilatada experiencia, no me ha resultado nada extraño que en éste caso, la envidia, los celos, agravados en personas inmaduras, supusieran aditamentos para que la conjeturada autora, optara por ejecutar a la víctima. Para vengar la ofensa o la traición, o sencillamente porqué no me caía bien, una personalidad en brote y germinando en los parámetros en los que se circunscriben los jóvenes de hoy, lo asocial, lo antisocial, la individualidad, la falta de respeto, lo disocial, la carencia de sentimientos, el apego a lo material, etc., que sólo se resuelve de una manera: EJERCIENDO EL CRIMEN...
Estamos en una sociedad en la que cada vez más " TODO VALE ", en la que a un niñato o una niñata no se le puede contradecir por si se frustra, en la que dar un mero cachete es denunciable por parte del menor ( de hecho ayer en Vélez-Málaga se presentó un folleto dirigido a ellos en tal sentido ), debiéndosele por parte de su tutora o tutor ( entiéndase padres ) razonarle la conveniencia de la rectificación en su comportamiento o proceder, aunque aún no tenga uso de razón. Con todo esto y lo que he venido escribiendo tiempo ha, no es extraño que sucedan casos como los de Alcásser, Sandra Palo, Marta del Castillo.... y ahora el de Seseña.... más lo que tienen que venir, todo lo cual se encamina de manera inexorable a que ya en la vida adulta se conviertan en violencia doméstica y asesinato de parejas....
Existen otros casos de adolescentes con graves delitos, que tras pasar de los centros de reeducación y ser puestos en libertad, han continuado con su hábito delictivo. Como ocurre en prisión, la capacidad de esos centros, para la reinserción y reintegración social, es nula. Por una parte hay pocos educadores, psicológos y personal especializado, que encima carecen de la suficiente autoridad para imponer criterios a unos jóvenes y " jóvenas " acostumbrados a hacer los que se les sale de la polla y el coño, es decir, su santa voluntad. Y cuando me refiero a esa escasa autoridad, no es una crítica al personal encargado, al contrario, demasiado hacen. Me refiero a la limitada capacidad que se les deja para poder ejercer sin temor a ser sancionados.
Con los mimbres que hay.... poco será lo que se pueda construir.

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