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sábado, 31 de octubre de 2009

La historia de España que me enseñaron y que se supone que aprendí, se me mostraba plagada de grandes personajes hispanos. Viriato, Abd-Al-Rahman III., Don Pelayo, Alfonso X., Felipe II., o Carlos III., pululan por mi memoria casi más místicos o épicos como otros tantos personajes que no me dieron a conocer, más recientes y que supe de ellosa través de mi afán autodidacta. Nombres que tuvieron una influencia positiva en el devenir de esta España.
A la par, y puede que en mayor número, estaban los que abocaron a este territorio al desastre, a la catástrofe, a la española sangre derramada y a todo tipo de enfrentamientos. También están en el recuerdo, pero ¿ para qué nombrarlos ? Bastante tienen con haber pasado a la historia por sus abominables actos.
Una vez pasado de los cincuenta tengo la sensación de haber vivido la Historia ( con mayúsculas ). Estoy seguro de que D. Juan Carlos I., D. Adolfo Suárez, D. Manuel Fraga, etc., serán estudiados como leyenda por generaciones venideras. No lo son para mí, pues casi todos, aún están aquí.
Pero, como en toda gran película, los actores principales siempre están rodeados de otros magnos personajes secundarios, sin los cuales, posiblemente, no hubiesen, sido lo que fueron.
Al Mansour, Fernández de Córdoba, D. Juan de Austria, D. Alejandro Farnesio, Roger de Flor o el Duque de Alba también están en la Gran Historia, aunque nunca podré ponderar la importancia que tuvieron.



Hace unos días se marchó D. Sabino Fernández Campos, Teniente General, Ayudante de la Casa Real y del que las nuevas generaciones se han preocupado bien poco. De saber quien era y de que sino hubiera sido por él, igual ellos no estarían aquí, igual le hubiesen dado otro trato. Otros supieron de él a través de una miniserie de RTVE., que reponía los hechos del 23-F.
En aquellos días difíciles y de confusión, que me cogieron prestando servicio en Pamplona, D. Sabino fue el artífice de traer la sensatez entre tanta irracionalidad y la roca dónde se pudo apoyar S. M. D. Juan Carlos I., para salir airoso del trance del golpe.
Ese desconocido para gran parte de habitantes del territorio nacional, se mostró ante aquellos hechos, valiente, firme y discreto. Yo diría, sin menoscabo de la autoridad Real, que hasta autoritario, ya que en ese momento ostentaba el generalato...
Por ello, junto a la figura, no menos gloriosa, del Teniente General Sr. Gutiérrez Mellado, su figura debe ser referente en estas y las futuras generaciones. Si hoy estamos donde estamos, mucha culpa la tuvo D. Sabino Fernández Campos.
Hoy, como homenaje a tan ilustre e insigne español y parafraseando sus propias palabras, que son parte de la Historia de España, solo se me ocurre decir que a D. Sabino " ya no se le espera, pero está aquí. "
Al igual que aprovechando la festividad del día de mañana, quiero rendir tributo, primero a mi madre Dña. Francisca Pérez Prieto y segundo, a D. Diego Campaña y a todos aquellos y aquellas que un día vertieron la su sangre, su sangre española para que los demás podamos aún seguir contándolo.

LA VIDA SE DEFIENDE LUCHANDO, LA MUERTE NI SE EVITA NI SE BUSCA, LA MUERTE ES EL MAYOR PREMIO AL VALIENTE Y EL MAYOR CASTIGO PARA EL COBARDE....

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