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sábado, 24 de octubre de 2009


La crisis educativa es antigua. Se remonta a los tiempos del ministro de Franco, Sr. Villar Palasí y de su Ley General de Educación de 1970.- La E. G. B., entonces, fue sufrida por todos los que nacieron después de 1961.- Fue el primer dislate: se confundió escolarización con enseñanza, una confusión que dura hasta ahora.- Es un caos, una anarquía que convierte a la formación en algo más bien relacionado con el " ganado ", borreguil: los futuros sujetos son apriscados en centros donde se les inculca un adoctrinamiento, a la severidad y rigor de la ideología que impere en ese momento.
Aún en democracia, se ha perseverado en ese peregrinaje del desierto educativo que, dicho sea de paso, contradecía abiertamente los postulados de la izquierda clásica, tan republicanos, meritocráticos y afrancesados. Las sucesivas reformas del sistema educativo y de adiestramiento profundizaron más, en aquel dislate franquista hasta extremos caricaturescos.
La crisis educacional sólo podrá ser parada y superarse con un nuevo sistema de enseñanza basado y premiado con resultados y no en el factor de las burdas premisas ideológicas.
Se habla mucho de abandono escolar, de fracaso escolar, etc., pero no de los niveles de preparación en esta o aquella asignatura, que es lo realmente importante. El abandono y fracaso escolares es un problema social, no educativo. Si se hace girar la enseñanza sobre los que fracasan, em los que abandonan, lo desasistido es, precisamente la instrucción en sí misma. El alumno que quiere estudiar se ve entorpecido por los disidentes, los discrepantes, etc., del sistema, y menospreciado, por tal consentimiento, por las autoridades educativas.
Las ventajas de un sistema educativo basado en RESULTADOS, serían evidentes. Se sabría a qué atenerse cuando se habla de formación y resultados.
No a palabras, tan gratuitas, tan engañosas, tan hipócritas... tan traicioneras.-
-JACH.-

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