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viernes, 2 de octubre de 2009

VIOLENCIA

Transcurrido septiembre se dan dos condiciones que me permiten retornar el debate de los episodios de violencia que durante estos meses pasados me han llamado la atención y ahora, como con la quema de vehículos policiales quemados en los aledaños de la Comisaría Provincial y que vienen a recordarme que los sucesos de violencia tienen una presencia continua y ubicua.
Desde mi postura, fría y ponderada, creo que estoy en disposición, una vez más, de abordarlos con mesura. También he tenido tiempo de leer e ilustrarme, reflexionar sobre la cuestión.
Como conclusión inicial he podido constatar que los actos de salvajismo, crueldad y ensañamiento, ni cesan, ni se corresponden con un entorno geográfico, social o económico determinado ni a un sexo en concreto, ni a una creencia religiosa determinada, ni tan siquiera a sujetos individuales, dado a que se han producido y expresado con unicidad.
La violencia es múltiple, brutal, feroz y escatológica, asi es su forma de expresarse, aunque sus apoyos no sean tan variados o estén movidos por intereses espúreos de gente que se mueve en la sombra.
La siguiente deducción, es que la presencia persistente, incesante y omnipresente de acaecimientos está construyendo una sensación de desánimo ante lo que parece su inevitable ocurrencia, en algunos casos hasta de conformidad ante lo que parece ya inevitable. Especialmente cuando se ve, que no traen a colación cambios de los métodos de actuación policial o en el ámbito legislativo, nada recomendables en el dolor y crispación del momento, pero sí a posteriori, en sencillo y sano debate alejado de la morbosidad y el retorcimiento.
Se supone que vivir en sociedad ha permitido progresar, alcanzando cotas de desarrollo imposibles de lograr de otro modo... con respeto. Sin embargo, una y otra vez, se plantea y se vislumbra el riesgo de toparse con todo tipo de individuos que están en todas las mentes. Esos sátrapas, esos bestias, esos salvajes, esos animales, esos cafres, esos vándalos, son las vergüenzas de esta sociedad y sirven para recordar que se debe de tener presente que constituyen una parte consustancial del ser humano como especie.
La advertencia que planteo es que se deja que sea el olvido y no la voluntad, la que haga el trabajo de afrontar todos estos actos de sin razón. Se ha dejado fenecer la indignación por los hechos ocurridos a día de hoy, aplastados por el paso del tiempo, por las múltiples obligaciones cotidianas y por la indiferencia. El problema raya en que los comportamientos a los que me refiero, se emulan, desde los confines de los tiempos.
Sé, y lo sabéis vosotras y vosotros, que entre nuestro entorno hay individuos que se comportan como depredadores. ¿ Y que ocurre ? Que se consienten o se huye de ellos, ni tampoco se plantea una discusión reflexiva sobre el que hacer de manera preventiva o paliativa, que prepararía a la gente para la ocurrencia de acontecimientos que, por más que se insista, no va a dejar de presentarse ante todos y todas, historias, ya digo, iteradas a las que nunca se debe dar la espalda, porque más tarde o temprano, te puede tocar a tí......
-JACH-

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