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jueves, 16 de septiembre de 2010

No seré yo quien niegue el placer del descanso, ni las ventajas del ocio. Desde la noche de los tiempos, desde tiempos inmemoriales, el estado natural del ser humano tiene más que ver con la contemplación que con el esfuerzo, contando con que la fatiga que producen los placeres no tiene desde luego mucha relación con el cansancio que produce el trabajo. Podría decirse que constituyen las ocupaciones de labor y brega, la extenuación y desfallecimiento que son renumerados y que, por eliminación, no lo son aquellas otras que cuestan dinero. Por eso el sueño de las clases medias y bajas es ganar guita y parné aunque cuesten esfuerzos y la venta suscinta de sus cuerpos y mentes, y el objetivo de los que tienen es gastarlo siempre y cuando su derroche les produce placer y goce. A la gente con " taco " le gusta mucho presumir de su laboriosidad y en verano alardean, incluso, de quedarse sin vacaciones, dando a entender que sus enpresas o puestos de trabajo los necesitan sin remedio para no venirse abajo, aunque en verdad sean unos inútiles, soberbios y vanidosos.
Pueden que renuncien al ocio y acudan cada día puntualmente a su puesto, pero, al menos yo, sé que el ejercicio del " poder y el sometimiento " no es exactamente una fatiga, sino una arrogante tabla de gimnasia, es decir, un esfuerzo casi deportivo que hacen las personas incapaces de renunciar a algo que les " pone ".
Es frecuente que estos y estas " sujetas " proclamen su ahínco y denuedo, el que requiere su tarea de joder al de abajo o al de al lado, o sencillamente a aquel o aquella que va a realizar un trámite burocrático. Es obvio que este tipo de individuo o individua ( como por ejemplo los funcionari@s de la administración pública ), le llamen esfuerzo a algo puramente enunciativo que se parece poco al brío y sacrificio reales de los currantes y " currantas " que acarrean bultos, ponen ladrillos, arrancán carbón en las minas o atienden día y noche a los enfermos y enfermas en los hospitales de la sanidad pública. Las tareas de aquellos requieren entrega, astucia, imaginación, e incluso buena percha ( en algunos casos ), pero no es cierto que produzcan un agotamiento, como es la del camionero o la del albañil...
¿ Y escribir ? ¿ Produce verdadero hastío y lasitud, escribir ? Seguro que incluso causa extenuación en el caso de quienes en el ejercicio de su vocación, pero, cuando la escritura es un vicio, una degeneración, una perversión, un desenfreno y una maldad.... lo que en realidad produce es, deleite, regocijo, gusto, fruición, yacimiento y placer. Al margen de las consecuencias físicas de haber elegido mal la silla en la que sentarse, lo que en realidad produce el escribir es fatiga y embotamiento mental y sobre todo desazón, contrariedad, zozobra, enfado, insustancialidad, desabrimiento y pesadumbre, cuando ves y notas que nadie te hace ni puto caso. Al que escribe lo que le conviene en todo caso es reposo por el bien de su equilibrio emocional. Y, con frecuencia, porque la lectura de sus textos ofuscados, alucinados, perturbados, fascinados, obcecados, obnubilados, obsesionados y obstinados, puede suponer un trabajo insoportable a sus lectores. Ésa es la razón por la que a veces me tomo unos días libres.... Algunos colegas escritores demostrarían su grandeza si por el bien de su público desistiesen con frecuencia de escribir y dar por culo...
Lo cierto es que algunos artículos y escritos que se redactan o editan sólo tienen éxito por lo bien que arden, a falta de leña, en la chimenea...
-JACH-
  

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