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martes, 5 de junio de 2012

Veo en la televisión una tertulia en la que se debate sobre la situación por la que atraviesa el país y apago el receptor con la sensación de haber escuchado conceptos " elevados " y " complejos " sin que me hayan contado de verdad la inquietud que se percibe en las calles; es decir, me entero de la retórica de la alta economía, carente de emoción y repleta de abstracciones, y espero inútilmente a que alguno de los tertulianos desista de explicarme lo que la ocurre a la nación en la literatura de las grandes cifras y me cuente lo que le pasa a la gente en la estrechez de sus bolsillos. Quienes debaten son políticos acomodados, periodistas de partido y economistas lo bastante ambiguos como para que en sus palabras se pueda entender y la contraria.
Y yo me digo que si quiero saber lo que de verdad ocurre en España, lo mejor será que apague el televisor y me asome a la ventana o salga a la calle. Ésa era en esencia la irrenunciable misión del periodista, del policía, del investigador y creo que estas profesiones serán engullidas por el " teatro " si no recuperan a tiempo el instinto callejero del que proceden. Si no hacemos eso a tiempo, no podemos quejarnos luego de que el tipo que toma café en el bar cierre el periódico si quiere enterarse de lo que sucede en la acera de enfrente. Habremos de acercarnos a las basuras en las que hurgan las familias sin nada que llevarse a la boca, a las colas de los comedores sociales y de la beneficencia, y a esos hogares, cada vez más numerosos, donde campa la miseria y en los que millares de madres enseñan a sus hijos a alegrarse sin motivo, a rezar sin fe y a dormir con hambre. 
Porque si no nos preocupa que toda esa gente pase sin comer, no tendremos derecho a lamentarnos de que pasen también sin leer. Por ello, no me extraña que hoy en día los jóvenes no sepan ni escribir....
-Lord Lancaster-

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