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lunes, 11 de junio de 2012

A QUIÉN CREER

Las noticias coinciden con el tiempo y la forma, y tristemente en el fondo. La Guardia Civil expone en un informe las presuntas conexiones dentro de la cúpula de la Junta de Andalucía con la trama de los ERE fraudulentos. Otro informe policial, elaborado esta vez en Cataluña, pone al descubierto los vínculos entre la trama delictiva desmantelada en torno al " Palau " y diversas entidades en la órbita de quienes ahora mismo sustentan con sus cotos en el Parlamento catalán al gobierno de La Generalidad. Otro detalle común a ambas historias, y que no resulta por cierto baladí, es que los informes policiales apuntan a partidos que en este momento se hallan en el ejecutivo y por tanto en el ejercicio de delicadas e importantes responsabilidades.
Tan pronto como los informes policiales salen a la luz pública, alguien desde las filas de la formación investigada sale a la palestra para desmentir cualquier posible responsabilidad. De paso, ya que las diligencias policiales dejan poco margen  interpretativo, se impone desacreditar a las FF. y CC. de Seguridad del Estado actuantes, que habrían llegado a esas conclusiones por caminos tortuosos, ilícitos y con motivaciones espurias. En Andalucía, apurando las posibilidades expresivas y narrativas de nuestra lengua, se ha llegado a decir que los guardias civiles han actuado siguiendo procedimientos inquisitoriales. Toma ya. En España apelar al Santo Oficio para describir tu actuación es algo más que mentar a la bicha: es alinearte directamente con el siniestro Torquemada, Darth Vader y demás acólitos del lado oscuro de la Fuerza.
Pero los políticos que se ponen delante de las cámaras para decir estas sandeces, con todo lo que ha llovido en estos últimos años, deberían pararse a pensar en el conflicto que plantean entre los que vemos y escuchamos. Y que no es otro que la disyuntiva entre creerlos a ellos, con sus vacuas explicaciones, amén de imparciales, o a unos funcionarios que, en la mayoría de los casos, lo único que hacen es cumplir con su deber, trabajando con rigor, independencia y ecuanimidad.
Deberían de recordar la valoración que les tiene asignada la ciudadanía, y la que se les dispensa en cambio a la Guardia Civil y al Cuerpo Nacional de Policía. Los jueces decidirán, tanto en lo que respecta a los Ere´s con en el intrínseco caso del Palacio de la Música catalán. Hasta entonces nada podría afirmarse de manera irrefutable, pero, la experiencia me lleva a no confiar un ápice en los políticos. A lo mejor, cuándo comprendan que para restaurar esa confianza deberían de barrer a fondo su propia tienda.-
-Jose A. Chaves-

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