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lunes, 10 de octubre de 2011

LA ZORRA

Si un periodista, policía o militar ( no yo, Dios me libre ) se atreviera a comentar que un juez es un cabronazo o una mujer maltratada dijera que es un auténtico asno, ¿ cuánto tardarían en ser empapelados por magistrado, llevados de manera inmesericorde ante un tribunal y condenados a galeras por injurias, desacato o cualquier otro delito que se les ocurra y que se encuentre tipificado en el Código Penal ?
Pues tardarían menos de lo que tarda en persignarse un cura majara. Y, sin embargo, esos profesionales podrían argumentar en su defensa que ellos no se referían a que el juez tuviera una esposa adúltera, sino a otras de las acepciones de " cabronazo " que contempla el Diccionario de la Real Academia Española: el que hace cabronadas o malas pasadas a otros. O, ciñéndose al sabio refranero castellano: " un hombre sin cuernos es como un jardín sin flores ". La mujer maltratada, por su parte, alegaría que la voz " asno " identifica, según el mismo Diccionario, a un hombre muy necio, lo que rebajaría mucho la gravedad de la ofensa que le lleva al banquillo.
Los profesionales y la mujer de estos casos puramente hipotéticos no harían más que seguir las sabias enseñanzas del Iltmo. Sr. Magistrado Juez, D. Juan del Olmo, ex instructor del Sumario sobre los atentados del 11-M., ahora destinado en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Murcia. Acaba de revocar la condena de un año de cárcel impuesto a un hombre por amenazas a su esposa ( encomendó al hijo que le dijera a su madre que se iba a tomar la justicia por su mano y que la vería en el cementerio, en una caja de pino ). Pasado por el tamiz de Del Olmo, el delito ha quedado en mera falta por amenazas leves, sancionada con ocho días de localización permanente.
Este sujeto ya había sido condenado con anterioridad por violencia de género contra su mujer, pero el juez en cuestión se ha amparado en la doctrina del Tribunal Supremo según la cual no toda acción violenta contra una mujer en el seno de la pareja ha de ser considerada automáticamente violencia de género, sino aquella que tenga un componente machista. Estoy de acuerdo. Ahora bien, Del Olmo sostiene que el hecho de que el individuo también llamase zorra a su ex no implica que despreciara su dignidad de mujer, porque el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, consagra que el vocablo zorra dirigido a una mujer, además de prostituta puede equivaler también a persona astuta. No hay, pues, ningún menosprecio machista, sino una adjetivación en el fondo admirativa...
Lo mismo, en fin, que si yo llamara cabrón a un juez o una maltratada lo llamase borrico. Es lo que pasa con las palabras y expresiones ambivalentes: significan cosas muy distintas según en el contexto en que se pronuncien. Salvo el Sr. Del Olmo, no existe nadie en el mundo que crea que ese maltratador en ese contexto quería en realidad piropear a su ex diciéndole: ZORRA.-
-Jose Antonio Chaves Pérez.-   

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