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sábado, 24 de julio de 2010

Cierta prestigiosa periodista, glosando y apoyándose en un interesante libro escrito por un estudioso de la comunicación Giancarlo Livraghi, titulado " El Poder de La Estupidez ", ridiculiza y critica la incomprensible fama adquirida por un pulpo, habitante de un acuario existente en Oberhausen ( Alemania ), al que un espabilado visionario le ha adjudicado poderes para normales, que en este caso, al estar relacionado con sus augurios sobre los resultados de los partidos del pasado Mundial de Fútbol, sus aciertos han sido considerados sobrenaturales.
Lucía Méndez, que así se llama la inteligente periodista, afirma que el Oráculo de Oberhausen, es ya más famoso que el de Delfos, al cual acudían las madres helenas para consultar si sus hijos volverían vivos de la guerra. La existencia de Delfos es conocida por unos cuantos eruditos, pero Paul, que así se llama el cefalópodo adivino, goza de tal popularidad que sus seguidores se cuentan por millones. Sin ir más lejos, las evoluciones tentaculares de Paul fueron comentadas y observadas con tal atención y rigor, que ya quisieran para sí los diputados y senadores de nuestro País.
Pretender comparar la atención concitada por las adivinanzas deportivas de Paul con el debate del estado de La Nación, sería todo un insulto: logicamente para el pulpo...
Más de uno creíamos que con el invento de la vuvuzela, el cupo de imbecilidades les quedaría cubierto, pero para desgracia no ha sido así. Quien mejor ha definido esta locura colectiva suscitada por el octópodo ha sido el jugador Carlos Marchena al contestar: " Bueno, es un pulpo... ".
Celebro que aún queda gente sensata en España.

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