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lunes, 23 de noviembre de 2009



Uno se admira de la capacidad de aguante, de resignación, de abdicación y sometimiento y de adapatación a las circunstancias anómalas, adversas y perversas; que tiene el personal.
Quizá  ese sea el rasgo más común y destino inevitable de los humanos: la disposición para acostumbrarse a lo que sea y a lo que les echen. A mi, las circunstancias actuales, esta existencia miserable, mezquina y canalla, metamorfoseada en infinita detonación anal, me parece una metáfora de todas las cuestiones inaceptables a las que os conducen y acostumbran.
Esto lo saben muy bien los políticos y por eso su trabajo consiste en gestionar la capacidad de aguante de los sujetos, utlizando para ello ( dentro del muladar en el que se encuentran ), entre otras tesituras, las escuchas telefónicas.
Los menos honestos se aprovechan de ello y la esgrimen hasta lo ilimitado, pasasándose por el forro lo legalmente establecido. Saben que el populacho puede vivir con el paro, con inseguridades, con precariedad en la seguridad social, laboral y social, con recortes salariales, con impuestos altos, con muchas mentiras mal urdidas, con demagógicas tomaduras de pelo, con escándalo, con corrupción , con injusticias de todas clases, que estiran al máximo en vez de solucionarlas.
Saben que el personal es débil, vulnerable, desvalido, que está indefenso con muchos " talones de Aquiles " y algunos, están todo el día vendiendo polvos no sólo de estrellas sino que también de sexo como si fueran medicamentos.
-J-

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