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domingo, 13 de febrero de 2011

LA CHAPUZA SOCIALISTA DE INTERIOR ( La Gaceta de Intereconomía )

Los socialistas, y la izquierda en general, han sustentado su fama en la curiosa doctrina conforme a la cual han de ser juzgados por lo que dicen promover, nunca por lo que hacen. Cuando se examina la conducta de los Gobiernos socialistas se comprende muy bien lo indispensable que resulta mantener esa doctrina exculpatoria, y más cuando se considera el comportamiento de los socialistas al frente del Ministerio del Interior. LA GACETA publica la primera parte de una larga entrevista a José Amedo, quien hubo de cargar públicamente con todas las responsabilidades derivadas del caso GAL. Meses después de que Felipe González realizase unas declaraciones en las que ponía de manifiesto lo atentamente que seguía las acciones encubiertas del ministerio, aunque para presumir de no haber ordenado una masacre que, a su entender, hubiesen aprobado los electores, Amedo da nuevas informaciones sobre cómo se desarrolló aquella chapuza inmunda que igualó las acciones del poder legítimo con las fechorías de los criminales comunes. Y lo que Amedo cuenta remacha algo que ya sabíamos, que no sólo las órdenes ilegales en relación con el caso GAL partieron de la autoridad política, el ministro y el presidente, sino que toda la preocupación de los altos cargos de Interior y del PSOE se centró en cómo engañar a la opinión pública, en negar cualquier responsabilidad en lo ocurrido, refugiándose en la mentira cobarde y en la manipulación judicial, contando, cómo no, con Garzón por medio.

Y de la misma manera que los socialistas pretendieron negar que el GAL existía y echaron todas las culpas sobre los policías que ejecutaban sus órdenes pretendiendo el absurdo de que actuaban por cuenta y riesgo propios, asistimos ahora a un rosario de disparates ridículos en relación con el indigno chivatazo policial que evitó la desarticulación del sistema de cobros ilegales de ETA, eso que se conoce como caso Faisán. Es realmente estremecedor contemplar las similitudes en ambos casos, el empeño en negar la evidencia para encubrir al de más arriba, en la esperanza de que este los encubra luego a todos. Lo más asombroso es que dos de los nombres clave en este sainete grotesco coinciden con dos de las personas decisivas en el devenir del caso GAL –tal y como ponen de manifiesto las declaraciones de Amedo–: Garzón y Rubalcaba. El señor Garzón ha puesto toda su habilidad en conseguir que el caso Faisán durmiese eternamente el sueño de los justos en un cajón de su despacho. Pero la Justicia, que es lenta pero implacable, ha echado por tierra esas pretensiones y ha obligado a que un juez tan mañoso como siempre ha sido Garzón haya de salir por piernas de su juzgado para tratar de salvar lo muy poco que queda de su supuesto prestigio justiciero. Pero la presión de Rubalcaba sigue en plena faena, pretendiendo el absurdo de que, como en el caso GAL, unos policías pudieran tomar por su cuenta y riesgo la iniciativa de intervenir a su aire en un proceso tan delicuescente como el de las relaciones de este Gobierno chapucero y sin principios con la banda terrorista.
Hay otro aspecto de las maniobras socialistas en Interior que también ahora se pone manifiesto: no se trata únicamente de su absoluta inmoralidad, de su desprecio a los principios más elementales de la democracia, de su capacidad para intentar cazar como sea los gatos de cualquier color, de su olvido de las normas lógicas acerca de cómo y en quién recae la responsabilidad en las acciones del Gobierno. Hay, por desgracia, bastante más, una muestra completa de la chapucería más vergonzosa, de la incapacidad y la ineficacia de quienes no saben hacer bien ni siquiera lo que se disponen a hacer muy mal, por las bravas y saltándose cualquier principio de moralidad, algo que, a muchos de ellos, les suena a música celestial.

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