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domingo, 18 de enero de 2009

Relato

Es bien concocido en el pub "Mambo" la aversión que le produce a Toni Lampedusa la exhibición de riqueza de algunos tipos y me consta que le exige a sus hombres un comportamiento discreto, sin lujos, procurando demostrar en todo momento que el dinero constituye en su caso una circunstancia imponderable que han de afrontar como si su liquidez no fuese sino una odiosa adversidad, un contratiempo emocional del que un hombre inteligente probablemente sólo se puede reponer si su ambición recupera los hábitos de su pobreza. Aunque no les exige grandes privaciones, lo cierto es que sus amonestaciones están al orden del día y jamás pierde ocasión de recordarles a los muchachos que a medida que el dinero es difícil de contar, se convierte también en algo complicado de explicar. Recuerdo el sinsabor que le produjo a Lampedusa el cortejo fúnebre de los restos mortales de Alex Macarroni. "Era un majara, un tipo barroco, excesivo, un maldito vanidoso que siempre confundió el valor con el precio.
Esa excéntrica exhibición funeraria, llena de boato...Tantas cochinas flores...Esa obsesión por la ropa cara, las mujeres nuevas, la sangre neófita, los dientes siempre dispuestos a estrenar el hambre...
¡Como le habrá jodido al cabrón de Macarroni que lo enterrasen en un cadáver de su edad! ¿Sabes, Szandor?, a ese mamarracho incluso le jodía que el peluquero lo despeinase para cortarle el pelo. No tuve mucho trato con él pero fue suficiente para saber que a su conciencia no le repugnaba en absoluto la idea de que hay ocasiones en las que la conclusión natural de un abrazo solo puede ser un disparo a quemarropa...
Pocas veces vi a Lampedusa tan indignado como aquella noche. "En una ocasión me dijo que odiaba su sobrepeso pero no quería privarse del placer de la comida. El muy idiota creía que engordaría menos si comiera cosas más delgadas..." 

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