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martes, 1 de noviembre de 2011

Ideologías, religiones y Sistema

Ya me he referido en más de una ocasión a esa propensión que tienen las ideologías, las religiones y el Sistema a colonizarlo todo, extendiendo sobre la visión del Mundo una suerte de niebla confundidora. La ideología, la religión y el Sistema son, al fin y a la postre, unas idolatrías; esto es, sucedáneos de pensamientos pertrechados de falta de dogmas que simplifican de manera artificiosa la realidad, creando antinomias, contraposiciones, contrastes y contradicciones insalvables en el axioma y fragmentando nuestra capacidad de discernimiento moral. El veneno ideológico, religioso y del Sistema, es, por naturaleza, invasor: no se conforma con ejercer su imperio en los ámbitos naturales de la disputa política y social; necesita apropiarse del alma se sus adeptos, envileciéndolos y alienándolos, hasta que dejan de ser propiamente humanos.
Muestras de este apetito voraz tan característico de las ideologías las hallamos por doquier. La ideología, la religión y el Sistema, actúan siempre del mismo modo: primero hace añicos una visión inteligible del Mundo, fundada en valores antropológicos verdaderos; y, a continuación, con los añicos o con los pedazos resultantes de la demolición elabora construcciones en las que, sin embargo, falta la argamasa que las tornería coherentes. Un ejemplo llamativo y desconsolador de este proceso se observa, en lo que se podría llamar el problema ecológico. Primero, se rompe el vínculo profundo entre hombre y Naturaleza, se impide que el ser humano lea en el libro de La Naturaleza la encomienda que ha recibido; una vez roto ese ligamen, ante La Naturaleza solo caben dos actitudes: el desprecio o la deificación. Una persona que lee el libro de La Naturaleza cobra conciencia de su lugar en el Mundo; descubre que ese don inapreciable le ha sido confiado y que, ergo, le incumbe una responsabilidad de ejercer sobre ella un dominio justo y equilibrado que, básicamente, consiste en sacarle fruto sin esquilmarla, en " guardarla y cultivarla ". La ideología, la religión y el Sistema, al arrancar de las manos del ser humano el libro de La Naturaleza, convierte ese don inapreciable en un " organismo ajeno " que se puede expoliar libremente o, por el contrario, manipular, o, encumbrar a altares de adoración iconoclasta; actitudes todas ellas que niegan al hombre ejercer la virtud " del equilibrio ". Durante siglos, la ideología, la religión y los diversos sistemas inspirarón una actuación desaprensiva ante La Naturaleza y el ser humano: el progreso ( que no era y es sino el vistoso ropaje con que la avaricia, al soberbia y la hipocresía se disfrazaron, para adecentar sus desmanes ) parecía justificar la explotación desenfrenada de los recursos naturales y la anulación como tal del ser humano convirtiéndolo en pelele, marioneta, espantajo, monigote, fantoche, mequetrefe y muñeco. Más tarde, una parte ideológica inspiró un culto maniático a La Naturaleza, erigida en una suerte de tabú o superstición intangible; culto por lo demás hipócrita, mojigato, impostor y farisaico hasta extremos abyectos, porque a la vez que profesaba una suerte de panteísmo reverencial se negaba a renunciar a las cúspides orgiásticas del " progreso " alcanzadas mediante la explotación de los recursos naturales y la idiotización, estupidez, engreímiento, cretinez, imbecilidad, anormalidad y subnormalidad generalizada del ser humano.....
Y así el Sistema, las ideologías y las religiones, nos han conducido a callejones sin salida tan pintorescos como el debate sobre la energía nuclear, por ejemplo: a la vez que se abomina de ella no se está dispuesto a renunciar a los desaforados niveles de consumo energético y de otra índole que garantizan el " dolce farniente ". Y es que, una vez se dejó de leer el libro de La Naturaleza, la religión, la ideología y el Sistema, obligan a comulgar cona antinomias insalvables.
Y, como siempre ocurre cuando se trata de elaborar una visión del Mundo mundial fragmentaria, construída con los residuos líquidos y sólidos de la visión coherente que previamente se ha putrefactado, la ideología, la religión y el Sistema ( carentes de cualquier otra sustancia que no sea la voluntad del Poder ), genera una conflictividad insoportable, hasta convertir la convivencia social en un campo de batalla. Y así, a los adoradores chalados, extravagantes y caprichosos de La Naturaleza que anuncian los efectos devastadores del cambio climático se oponen los despreciadores psicópatas de La Naturaleza que carcajean de tales predicciones agoreras; y, a poco que uno escarba, descubre que unos y otros se parecen muchísimo más de lo que ellos podrían sospechar, puesto que todos ellos niegan ( o sencillamente, no ven, ofuscados por una montaña de boñigas de poder ) el lugar que al hombre le corresponde dentro del orden natural, que no es el de estar ni por encima ni por debajo, sino al frente. Claro que para estar al frente ( de cualquier cuestión ) hay que tener primero noción de la misión que nos ha sido encomendada; y esta noción de encomienda ( que auna al hombre con La Naturaleza ) es la que falta en las artificiosas cimentaciones ideológicas, religiosas y del Sistema. Pero, como decía al principio, la ideología es una idolatría, sucedáneo de otras como lo son las religiones, en las que faltan, los elementos primordiales y constitutivos de los seres humanos; y, a falta de esos elementos, se reacciona, deificando a dioses que nunca hemos visto, al hombre y a La Naturaleza.-
-Jack Bauer-             

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