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jueves, 17 de noviembre de 2011


Más de un ahorrador, más de una ahorradora, ya se está preguntando si puede poner en el calcetín o bajo el colchón los ahorros de toda su vida. En un país que ahorra poco y gasta mucho, endeudado hasta las cejas, los ahorradores que sí existen, saben que serán los perjudicados directamente si en efecto, el país entra en suspensión de pagos. Y no saben ya si ir al banco en petición de que les devuelvan sus depósitos y llevárselos a casa, o qué medida tomar. Lo cierto es que, lo que parecía impensable y una locura, cada vez está más en la calle entre quienes hicieron de la previsión su forma de vida. Los que alegremente gastaron e incluso se endeudaron para vivir la buena vida, apoyados por el sistema político y la cultura festiva de nuestra simpática forma alegre de vivir, esos, precisamente esos, las cigarras de este cigarral en que nos hemos convertido, son los únicos que no van a tener problema. En cambio, las hormigas sí van a tener que ver como sus buenos depósitos pueden sufrir problemas.
No son pocos los ahorradores que quedan que ya han comenzado a dividir y fragmentar sus depósitos para tener al menos la posibilidad de que el fondo de garantía de depósitos les proteja en caso de quiebra país. Aunque claro está, si se derrumba todo el sistema, ese fondo será una garantía más bien pequeña. Y todos sabemos que en el caso de Grecia, desde el rescate inicial, los ahorradores que han podido ya han colocado sus fondos en países y cuentas que no puedan ser “redenominadas” en dracmas. En el caso en que una cantidad en euros pase a dracmas, solo con esa bonita operación ya se perdería como poco más del 50% en las estimaciones más fiables.
El caso es que nosotros, los de a pie llano, no sabemos qué ha pasado. No sabemos por qué hay que pagar tanto y tanto dinero a bancos y banqueros, no sabemos por qué las Cajas de Ahorros sí que han quebrado — ahí donde se decía y parecía que como eran “Fundaciones”, en concreto “ Fundación — Empresa” nunca fallarían — no sabemos por qué nadie responde de despilfarros, gastos suntuarios y suntuosos que les hemos pagado y que tan ricamente siguen obteniendo en muchos casos, no sabemos por qué no hay una ley que exija responsabilidades, no sabemos por qué no se regula y se exige que respondan a las Agencias de calificación, a las sociedades de tasación, no sabemos por qué los reguladores se limitan a pedir nuestra austeridad y no la de quienes están en la cúpula de los poderes (políticos y ejecutivos). En fin, no sabemos nada. O mejor sí, como los antiguos “pecheros” castellanos, sabemos que tenemos que pagar y callar, para festín de todos los demás.
Esta es la calidad de la democracia que tenemos. Ahora que hay elecciones, veremos si se comienza ya a exigir y pedir responsabilidades a quienes nos han embarcado en esta crisis, a quienes han concedido préstamos y créditos sin solvencia ni garantías, a quienes en los paquetes estructurados de los “derivados” lograron que nadie, ni la Comisión del Mercado de Valores, ni el Banco de España ni nadie de nadie, mirara a fondo lo que estaba “empaquetado” dentro de la cajita que envolvía el producto. No sabemos por qué no se resuelven problemas como el de la “puerta giratoria” (hoy yo regulo y mañana estoy en la empresa que ayer regulé, por lo que me cuido mucho de que se enfade conmigo mientras regulo), ni las incompatibilidades, ni los conflictos de intereses.
No hay nada mejor contra la crisis económica que el Derecho y la Justicia. Pero esa es la cuestión, que nadie quiere que sea la Ley la que imponga las reglas. Y el Derecho no es otra cosa que dar y pedir razones, pero dentro de un orden cerrado de argumentos regidos por lo que llamamos reglas. Sin reglas no hay juego, sino saqueo. Y en eso estamos. O mejor, en eso están los políticos y los ejecutivos (algunos políticos y algunos ejecutivos, aunque los demás o les miran con envidia o con temor). En fin, la cosa tiene remedio, pero el remedio tiene cosa también. Y esa cosa se llama Ley y Orden. A ver quien lo exige. Veremos en la nueva etapa. Veremos.

-Jack Bauer-

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