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miércoles, 15 de junio de 2011

ETA llega a los ayuntamientos y María San Gil va camino del exilio


Lunes 13 de junio de 2011 22:00h 24 Hoy El País publica una entrevista con María San Gil. En ella, la expresidenta del PP Vasco anuncia su partida al exilio tras el regreso de ETA a las instituciones:

“Yo no puedo vivir en mi ciudad con un alcalde de Bildu. Mi marido y yo discutimos si marcharnos a Salamanca, donde estudié, o a Madrid, donde él quiere y tiene más opciones laborales.”


María tiene un hijo de 13 años y una hija de 11. Ella y su familia se unirán ahora a los miles de vascos y navarros que han tenido que abandonar la tierra en la que nacieron por culpa de la mafia etarra. Teniendo en cuenta el enorme poder que han conseguido las candidaturas diseñadas por ETA en las últimas elecciones municipales, y las prácticas de coacción y amenaza que ya están sufriendo algunos vascos que no se doblegan ante los terroristas -hoy Nerea Alzola da una muestra de ello en su blog-, me temo que la familia de María San Gil no será la última que se vea obligada a desterrarse.

Eso sí: mientras tanto, los secuaces de ETA ocuparán multitud de alcaldías en el País Vasco y Navarra, manejando el dinero de todos los contribuyentes a su antojo, y teniendo acceso a los datos personales de todos los habitantes de aquellas localidades en las que gobiernan. Y esto por culpa de un gobierno que ha preferido entenderse con ETA que entenderse con la oposición democrática, un gobierno que nos ha mentido innumerables veces respecto de ETA, negando toda negociación con los asesinos mientras llegaban incluso a acuerdos políticos con esos malnacidos. Un gobierno que llegó a ordenar un chivatazo policial a ETA para que escaparan los terroristas con los que estaba negociando. Un gobierno que, como ya dije en abril, espero que acabe ante los tribunales por poner al Estado de Derecho de rodillas ante los asesinos, con consecuencias tan trágicas como que María San Gil tenga que dejar su casa e irse a vivir a otra parte porque su ciudad está ahora en manos de los mismos que llaman “presos políticos” a los asesinos de ETA y piden su liberación.


Desde aquí un fuerte abrazo para María y su familia, y mi absoluto desprecio para quienes han hecho todo lo que estaba en su mano para que el País Vasco vuelva a estar sumido en la más absoluta de las infamias.

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