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lunes, 20 de febrero de 2012

El euro nos devora como una enfermedad degenerativa. Y no parece que tenga tratamiento. Ninguna de las medidas y medicinas probadas con Grecia, por ejemplo, ha aliviado al paciente. Por el contrario, tras dos años de técnicas invasivas, el país heleno se encuentra al borde del colapso, ardiendo de fiebre por los cuatro costados y con el cuerpo repleto de llagas.
El euro va comiéndoselo como la lepra, como el mal de piedra que borra el rostro de las arquitecturas clásicas. El euro es un Dios de ficción, como todos, al que es preciso alimentar sin embargo con sacrificios reales. Ya le hemos ofrecido millones  de doncellas y de jóvenes lanzados al paro, a la ignominia, sin que su sed de sangre quede saciada. Su representante en la Tierra, Frau Merkel, ha resultado una papisa de una crueldad extrema a la que no le bastan ni las reformas laborales, ni los recortes en educación o en salud puestos en marcha.
En España tenemos ya una generación sacrificada, una generación perdida colocada a sus pies, para que haga con ella lo que quiera. Pero no es suficiente. Tienen que morir aún muchos más ancianos por falta de asistencia, han de fenecer aún más enfermos por falta de quirófanos, debe de deteriorase la educación hasta extremos desconocidos y si cabe que haya una guerra mundial para aliviar el exceso de personal, para que, el Dios Euro y su papisa Doña Angela Merkel se den por satisfechos. Ni el Dios del Antiguo Testamento, con lo que era, se le acerca en ferocidad, en brutalidad, en la barbarie. Rebajen ustedes las pensiones, legalicen la figura del acoso y derribo empresarial, cierren escuelas y hospitales, condenen a la indigencia al 30% de la población y después ya veremos. Armémonos hasta los dientes. La furia del Dios Euro, desatada en Grecia, amenaza ya a Portugal, a Italia, a España. El Señor Rajoy, que cuando estaba en la oposición hablaba como un ateo, se ha postrado ante la Papisa, de manera inmisericorde.
Haremos lo que usted nos demande para que la ira de su Dios no nos alcance. Pero nos alcanza, y de qué modo. Siempre se ha dicho, porque hay constancia de ello, que nada ha provocado más muertes a lo largo de la historia que las religiones. Y la del Euro, una nueva religión, está a punto de acabar con todos nosotros. El problema de volver a la Peseta es que era una pequeña diablilla...
-Jack Bauer- 


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