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lunes, 24 de agosto de 2009

En el tiempo que, empezarón a ondear en los edificios oficiales la actual bandera de la Nación y las de las autonomías, se abrió un tiempo de añoranza, entre todos aquellos, que fueron incapaces de aceptarlas y se ponían una banderita rojigualda, con el águila, pegada en la pulsera del reloj, no muy a la vista.
Uno de esos nostálgicos, muchacho de cadenas nocturnas, afiliado al extremo más obcecado de la derecha, le hizo quitarse a un paisano, con amenaza incluida, una bandera andaluza que llevaba prendida en el ojal de la solapa. Era la década de los ochenta. Aunque no creía en la democracia, arrimó el ascua a su sardina y se presentó a unas elecciones con la "sana " intención de cargarse la nueva historia. Los cuatro o cinco que le seguían, como él, se aburrieron y terminaron visitando el tizón de lo que quedó de otros tiempos.
Cuando alguien no acepta la decisión de la mayoría, generalmente se trata de alguien inmerso en las movidas de una minoría peligrosa. Por lo anterior y ahora, cuando me percato de aquéllos que salen con la bandera republicana ( muy bonita por cierto ), me entra la desazón.
Rechacense los extremos que sólo quieren enemistad. No me afecta ya en en lo personal ver dicha enseña, quizá otrora, como tampoco me influye ver la otra con al águila, ni la de ahora....
Ni los grilletes de ayer de los niñatos fascitas, ni las chulerías republicanas de hoy. Y el que quiera otra bandera que no sea la que trata de unirnos, que pelee consigo mismo......

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