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lunes, 30 de mayo de 2011

ME COGE LEJOS la madrileña Puerta del Sol, pero yo, a mi manera, también estoy indigando, como toda esa gente que proclama su repugnancia hacia la vida política española. Hay dudas de que sigan y de que se trate de una manifestación espontánea de la ciudadanía harta, asqueada, al límite del vómito, lo que para algunos ortodoxos de la irrespirable y nauseabunda vida púbica supondría un lastre ético y motivo sobrado para la descalificación automática de una reacción social que probablemente rechazan por temor a las consecuencias morales comprenderla. Posiblemente haya una mano que mueva a toda esa gente con oscuras, aviesas, repulsivas, malvadas, infames, torcidas, indignas, traidoras, odiosas, perversas, abyectas, despreciables, maquiavélicas e ignominiosas intenciones ( aún sigo investigando al respecto )...
Si de lo que se trata, al fin y al cabo, de limpiar la vida política de mi país, que da grima, me trae sin cuidado de quien sea la mano que mueva la escoba. Puede ( y lo hay ) que en esa riada humana que proclama la necesidad de sanear la asquerosa política española se haya colado con intereses siniestros, inconfesables, trágicos y malignos, cierto muladar y estercolero ideológico, pero y averigüaré de que o quienes se tratan, aunque de todos es sabido que desde la noche de lo tiempos cuando descarga la tormenta y la lluvia altera su cauce, incluso los ríos más limpios en su corriente, sin más remedio, arrastran ingente cantidad de mierda, chapuza, porquería, excreción, boñigas, defecaciones, cagadas, detritos y bodrios...
Ahora me pregunto si es una molestia que todo ese gentío proclame su asco, arcada, naúsea, vahído y hastío y pida un cambio drástico en la higiene de la vida pública española. También me gustaría saber si la juventud de una parte de esos manifestantes es motivo suficiente para descalificar sus aspiraciones, como si no fuese cierto que la Historia está sobrada de formidables destellos de euforia casi juvenil en los que el instinto pudo por fín más que la razón, probablemente porque es en los momentos de indignación incontenible cuando el pueblo llano se siente capaz de convertir en imaginación la ira, y la resignación, en talento. La verdad es que este levantamiento civil no me sorprende por lo repentino que surge, sino por lo tardío que aparece. Los políticos de este país tendrán que darse cuenta de que a veces el pueblo llano se cansa cuando lleva mucho tiempo sentado. Puede que en esta ocasión cierto caos terapeútico sea la solución que nos libere de la modorra causada por el odioso e interesado orden de oligarcas. Nadie detendrá jamás a quien en realidad no lucha sólo movido por un sueño, sino desvelado por el hambre...
-Lord Voldemort-      

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