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miércoles, 27 de mayo de 2009

Siempre se ha dicho que oir no es igual que escuchar. Aunque muchos no escuchan si oyen infinidad de sandeces e idioteces, capaces de saturar la paciencia más elástica.
Esta sociedad en general, sufre una grave crisis. Evidentemente esa "crisis" no es solamente económica sino también, como antecedente previo, ética, moral y de usos y costumbres y, en ese marasmo, está todo el mundo y que se salve el que pueda.
Así las cosas y una vez los valores básicos, elementales de cualquier sociedad que se considera sólidamente constituida y organizada, entran en declive, son cuestionados y se desvanecen finalmente, los únicos pilares sobre los que se va sujetar el colectivo va a ser sólo el dinero.
Naturalmente con esa sola base, una sociedad no puede funcionar aceptablemente y por lo cual y de manera indefectible, también la economía se tambalea y desploma.
El primer valor en crisis, es el principio de autoridad. La demagogia cultivada y basada en intereses espurios han desprestigiado ese principio, al que, finalmente se ha asociado al "autoritarismo", que es cosa diferente y nada tiene que ver...
Los principios de equidad, justicia, benevolencia y de decencia, como sinónimo de generrosidad, magnanimidad, altruismo e integridad, dimanan del sentido natural que la propia razón depara sobre los conceptos básicos de lo justo, lo injusto, lo bueno y lo malo, etc...
Evidentemente, esa misma recta racionalidad y justo entendimiento, se viene despreciando, con lo que lo conyuntural prima sobre lo incesante y perdurable. Y un ejemplo de ello es la disquisición entre lo que es un ser vivo y un ser humano...
Ello pone de manifiesto que, si conviene a unas determinadas tácticas fraudulentas, ilegítimas, bastardas, antinaturales y adulteradas, los fundamentos y las razones primordiales, básicas y vitales son postergadas y llevadas al plano de lo insustancial, futil y trivial, de lo vano, de lo vacío...
Hay que ser muy cuidadoso con las expresiones, los argumentos que no pueden sostenerse y vulgarizar, despreciar, desdeñar, arrinconar, degradar, ignorar, relegar, subestimar y humillar los valores intrínsecos del ser humano; porque, sus derivas son imprevisibles......  

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