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jueves, 7 de mayo de 2009

El robo cometido por un inspector de hacienda, el estupro por un sacerdote, el incendio por un bombero, el apoyo del terrorismo por el presidente de una comunidad o que un lider de un partido de extrema derecha sea homosexual, gay, marica o maricón. Estas son las noticias y no el robo, el estupro, el asesinato, la barbarie o las variaciones sexuales. En los últimos años hemos conocido de las sorprendentes relaciones entre las desviaciones sexuales en el sacerdocio pero poco sabemos de las que han existido con el nazismo, el facismo y el comunismo. Y sin embargo no debería de alertarnos. Ha ocurrido siempre, en todas las sociedades farisaicas.
Todo esto que digo es algo que tiene que ver con el machismo, aunque esta palabra haya carecido de sentido hasta hace poco, pues el machismo era lo normal, ¡lo natural!. La representación de un espacio ocupado en totalidad por los hombres.
Lo más granado de las Waffen-SS justificaba la homosexualidad, la élite del nacionalsocialismo alemán. La actual prohibición cristiana de lo gay, permitido en el mundo pagano, no es sólo que una herencia de una superstición judía. En los tiempos clásicos los mejores soldados amaron siempre a otro hombre (recordemos a Alejandro), y tenían mujer e hijos, pero conservaban sus sentimientos hacia sus compañeros de armas, y... más historias.
El ser humano tiene una sexualidad que va más allá de la necesaria estrictamente para la supervivencia de la especie. Tanto su farisaica sublimación como en el caso del nazismo, como su demonización en el caso de casi todos los fundamentalismos religiosos, no son más que maneras represivas de comportamiento que suelen aventarse con la democracia.
Freud identificó con claridad y madie aún lo ha desmentido, las sorprendentes relaciones entre Eros y Tanatos (Erotismo y Muerte),  pero lo verdaderamente peligroso es cuando el Eros se junta con la política o la religión porque entonces ya nada es lo que parece.    

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