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miércoles, 22 de julio de 2009

Tal vez los menores "presuntos" violadores de una niña en Córdoba y otra en Huelva estén pensando que, como sus papás y mamás siempre las ha justificado o ignorado o asumido sus chiquilladas, diabladas o travesuras... sus golferías y plegado a sus demandas, por muy infantiles que fuesen... ahora pasará lo mismo.
Cuenta también, que saben que a los menores se les "perdonan", se les exoneran las transgresiones penales porque son "irresponsables" de sus actos. De nuevo decisiones, sin responsabilidad. La mayoría de los padres se sienten culpables por demasiadas cosas ante sus hijas e hijas y buena parte de estos críos y crías aprenden muy pronto el "noble arte" de la manipulación y su valor...
Lo hacen, entendiendo sus mentes aún sin formar que lo natural es salirse son la suya, sea como sea. De ahí a construir un mundo moral propio, donde se sienten con libertad de ejercer e impunidad ante una seriedad, deber u obligación siempre transferida... hay pocos pasos.
En los terribles casos que nos atañen se advierte la existencia de un problema social más allá de lo excepcional... Como en estos y otros anteriores, siempre se ocasiona un destrozo psíquico y físico cuyas secuelas pueden ser devastadoras para las víctimas, sometidas por quienes se habrían cobijado bajo la exención que da la superioridad de grupo.
Ello proyecta tal brutalidad, tal difuminación de lo que está bien y lo que está mal, que bastaría para estremecer, si solo se hubiera producido una de las agresiones. Su reiteración habla de trivialización de la violencia, de raíces más profundas, en la que la ausencia de compasión y culpa pueden actuar como catalizadores del constreñimiento más cruel. Y que obliga a cuestionarse por la respuesta familiar, educativa y social, y por supuesto judicial, que puede darse no sólo ante delitos consumados, sino sobre todo para prevenirlos. El hecho de que dos de los menores arrestados hayan quedado en libertad por ser inimputables al tener menos de catorce años, al igual que ocurrió en otros hechos, con otros y otras, reabre el debate si se debería de rebajar la edad penal para actos delictivos singularmente graves.
Las garantías que definen el sistema judicial español, que debe armonizar la persecución del delito con el mandato constitucional sobre la reintegración del delincuente, exigen encarar un asunto tan delicado con mucha cautela y procurando consensos amplios y analizando cada caso individualmente...
Resulta aterrador que el Estado de Derecho tenga que encausar a quienes aún siendo menores, tienen totalmente distorsionados los valores éticos y morales, habiendo violentado de manera brutal y escalofriante a otro u otros menores cuyos derechos han de ser protegidos ante todo.
No obstante, el problema puede surgir no tanto de la literalidad de la ley como de su aplicación; y antes de ese estadio, de un ámbito doméstico, escolar y social quizás en exceso permisivos ante conductas adolescentes en las que, una vez tras otra, asoma el germen de la violencia.- JACH .-       

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