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domingo, 7 de junio de 2009

No sé, la verdad, me cuesta confesarlo sin que se rebelen mis pulsiones más ácidas, pero no me queda otra cosa que admitirlo desde que empezaron a regirse las normativas antifumadores, mi vida ha cambiado...
No hay días en que practique de manera subterfugia laboriosos rictus para esconderme... Cada vez que prendo un cigarrillo, me persigue el articulado y la pesadilla. Mis movimientos se han vuelto acompasados y elegantes. Más que un fumador, soy un funambulista, un trilero de campeonato... La autoridad está obrando el milagro, superar los límites en los que naufragaron las suegras más exigentes y la cultura hercúlea.
La norma prohibe machacar las colillas contra el suelo, pero no dice nada de las alcantarillas. Que las vías de desagüe sean una categoría menor del pavimento o una ventana a otra parte es una cuestión que deben resolver los técnicos, a mí, en principio me sirven para zafarme de la regla.
Porque, ¿ qué se puede hacer con una colilla encendida ? Las soluciones son más bien escasas. Al mobiliario urbano le han puesto aún ceniceros. Dejarlas en el bolsillo no es la solución, por cuestión de higiene....
La comida rápida también es mala para el organismo y, el..... alcohol......... 

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