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martes, 3 de marzo de 2009

Dar consejos

"Yo no soy quién para decirte nada... ¡Pues menudos líos tengo yo con la vida que llevo para tratar de resolver tus historias!"... Cuántas veces hemos oído esta frase o comentario de alguien cercano... Asquerosamente egoísta ¿no?... Pero, por otra parte, uno, en ocasiones, sin hincha tanto, se siente tan ufano, se cree tan importante, se pone tan estupendo cuando alguien le pide consejo, una opinión, que se reviste con la túnica de profeta y se pone a pontificar desde la infinita distancia de sus infinitas y presuntas sabidurías y experiencias...
¿Queremos sacar a nuestra pareja, a nuestro amigo o amiga, a nuestro colega del follón o sólo darnos importancia?; si deseamos lo primero con toda honradez, me parece que la primera regla y principal es aquella tan antigua y tan indiscutiblemente eficaz que reza "lo mejor es predicar con el ejemplo". Y punto.
Porque, ¿con que morro nos lanzaremos a recomendar que la gente alegre la cara, que tenga una visión positiva de las cosas si nosotros vamos por la vida prediciendo desgracias y desgranando una queja tras otra?, ¿cómo aconsejar "distánciate de tu problema: examínalo con la máxima frialdad" si nosotros somos sobradamente conocidos por nuestra vehemencia rayana en la histeria?, ¿podemos recetar paciencia si somos impacientes; o temple si somos coléricos; o muchos perfeccionismos si somos unos chapuzas?...
También es cierto que, en el pecado de imponer otros comportamientos a los que nosotros no nos acercamos ni a la suela de los zapatos, llevaremos la penitencia de que nuestro papel de consejeros durará menos que un caramelo a la puerta de un colegio... Lo normal será que tu pareja o la colega que pide nuestro asesoramiento, al percatarse de que estamos colocándole un rollo macabeo del tipo "haz lo que te digo, pero no hagas lo que hago", nos replique con toda la razón: "Oye, ¡ya está bien!... ¡A ver si tú eres el primero en aplicarte al cuento que me estás soltando!"
A ver si consigo explicarme con absoluta claridad: no es necesario haber pasado todas las experiencias y calamidades del mundo para proporcionar a los demás consejos útiles, viables; basta con echar mano del sentido común y, si me lo permiten, del afecto que sentimos por la persona cercana... Esto último, el afecto, me parece esencial... 

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