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sábado, 29 de noviembre de 2008

"Yo no tengo nada contra las mujeres, pero a mí no me opera una cirujana..."
"Yo no soy racista, pero no toleraría que mi hija es case con un negro..."
Lo dice mucha gente, lo piensa casi todo el mundo. Esas ideas parecen ser contradicciones, pero obviamente no lo son, porque el que dice lo primero parece ser que si tiene algo contra las mujeres y el otro si es un racista.
Las contradicciones burdas son poco dañinas de puro ostentosas y torpes, a veces solo son mentiras.
"Yo apenas veo la televisión, la única que veo es La2".
No, no es cierto, miente como un bellaco, La2 la vemos un cinco por ciento de la población, los demás prefieren la programación basura. Pero, está bien decirlo, porque con respecto a la tv., la gente alaba lo que no ve y critica lo que consume.
Salvando las distancias, algo parecido le ocurre a la gente importante que se muestra implacable con la moralidad y que es descubierta un día como consumidor de pornografía, o que acude a determinados sitios donde se les presta servicios sexuales cuanto menos que "raritos".
Quizá en éste caso la palabra sea hipocresía, que es una contradicción inmoral, que esconde el que la protagoniza. El problema es cuando uno mismo realmente no es del todo consciente de su propia contradicción.
Pensar una cosa y hacer otra -la esencia de la contradicción- es uno de los defectos humanos por excelencia. Pero no por común deja de ser perturbador. Interesa despejar la mente de contradicciones y caminar hacia la coherencia (palabra más usada que comprendida y que significa ausencia máxima de contradicciones).
Conviene no ignorar inconsistencias y saber que el primer paso para desactivar una contradicción es reconocerla; porque mientras pensemos que "no somos racistas, pero..." es que sí somos racistas.
-El Ojo que todo lo ve-  

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